PENE DE UN TENEDOR

El caso es que un joven australiano de 70 años ha querido autosatisfacerse con un tenedor, de diez centímetros introduciendoselo en el pene. No sé que abría sentido si hubiese tenido el coraje de introducirse tres tenedores, porque la satisfacción hubiera aumentado al conseguir el record del Guinness world y figurar en la Guia Michelin.

HABLÓ LA UNGIDA

No sé si ha influído el Rocio Chico, la ola de calor que nos azota o la presencia de los barcos ingleses, pero lo cierto es que ha abierto la boca la ungida, ya era hora, para cerrar filas con el gobierno de España en el extraño caso de Gibraltar. Griñán sigue en paradero desconocido y el ministro principal del peñón está en el infierno congelando calderas luciferinas con turrones de hormigón. Picardo viene de picardía.

Griñán, “ta esconío”

No es que le echemos de menos es que le echamos de más. Más de la cuenta diría yo, porque aún es nuestro presidente. La impresión es que parece que se hubiera despedido a la francesa o se hubiese escapado de la hipotética cárcel, donde tanta gente se encuentra hoy presuntamente, descolgándose del poder con sábanas «El Burrito blanco». Aunque sospecho que usted no quiere leer el periódico, además habrá pedido que no le informen de nada y sobre todo aplicará lo de «a palabras necias oídos sordos» y estos días del despegue quizá lo que mayormente desea sea extender la cortina de humo de la solicitada ignorancia. Continuar leyendo →

Los monos de Gibraltar

Hay una tradición popular que sostiene que mientras haya macacos en el Peñón, éste será colonia británica. Dios salve al simio.

No estuvieron finos los servicios secretos del general Franco cuando en la segunda guerra mundial no aprovecharon el conflicto y echaron a nadar a los monos, que fácilmente se hubiesen instalado en Gran Bretaña, siendo recibidos con alborozo por el entonces premier Winston Churchill. Hoy es el único primate que vive en libertad en toda Europa y es casi la mascota, no oficial, de ‘Los llanitos’. Cualquiera toca a un mono.
Primero porque son especie a proteger, segundo porque tienen más pulgas que la madre que los parió y tercero porque tienen muy mala leche y te pueden endiñar un leñazo de mucho cuidado.
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El recibo sube, pero baja

Debo ser muy torpe pero jamás he leído ni interpretado el recibo de la luz eléctrica porque me pareció siempre un papel confuso, lleno de guarismos y kilovatios indescifrables. Yo formo parte, humildemente, del común de los mortales.

La electricidad nos llega a casa al instante, simplemente con accionar un interruptor, -si es que en ese preciso instante no se ha producido ningún corte de energía-, de la misma manera que cada final de mes nos envía el cargo bancario la compañía productora. Y no hay más. Enciendes la luz, apagas la luz y pagas la luz. A no ser que seas un experto coñazo es prácticamente imposible llevar un control exhaustivo de lo que consumes y pagas. Por impericia y confianza lo dejamos en manos de la honrada empresa proveedora. Continuar leyendo →

Alaya, de Andalucía

Un tal Eduardo Maestre, que se autodefine como «agitador y músico» ha comparado a la juez Alaya con Agustina de Aragón. Aunque los borrachos, los locos y los niños dicen siempre la verdad, según la creencia popular, me parece una exageración admirable, pero descabellada. En el fondo Maestre, en su interno análisis psicológico, contempla un elemento diferenciador de alguien que, legitimado, se atreve a deshojar una margarita hasta ahora en manos del poder absoluto socialista andaluz. Continuar leyendo →

La ministra negra

El racismo es una realidad que lamentablemente persiste e incluso se recrudece en algunos ámbitos sociales, como el político. En Italia, lo está pasando mal la actual ministra de Integración, Cecile Kyenge, no por su gestión política sino, sencillamente, por ser negra. Si una ministra es objeto de comentarios y actos violentos por el color de su piel podemos imaginarnos qué le puede ocurrir a un modesto vendedor de imitaciones o a un pobre mendigo errante.
Cecile ha sido comparada con un orangután por el vicepresidente del senado, Roberto Calderali, y ha tenido que soportar, recientemente, el lanzamiento de plátanos contra su persona. Todo esto es reflejo de una sociedad xenófoba, cruel e intolerante que persiste y anida, fundamentalmente, en espacios de Forza Nuova y de la Liga Norte en una unidad europea aparentemente homogénea y democrática. Es inexplicable que el conjunto de las organizaciones políticas y las autoridades italianas estén permitiendo el continuo acoso a esta mujer en su condición de ser humano y por su estatus como ministra.
Los ataques persistentes a Cecile son además un mal ejemplo social y, sin duda, pueden estimular las actividades violentas de grupos intransigentes que permanecen en estado de letargo pero que pueden despertar alentados por la actitud reprobable de cargos públicos que practican el patrioterismo de la barbarie.
La ascensión a la Casa Blanca de un hombre negro fue, en su día, no solo la esperanza de nuevas políticas sino la demostración del ‘milagro americano’, que limpiaba muchas malas conciencias eternizadas en el odio, la venganza y la muerte a la raza negra.
Hasta llegar Obama a la presidencia de los EE UU de América, muchos lucharon por la igualdad, la justicia y el respeto a los derechos humanos, perdiendo incluso su vida.
En estos días, cuando el político sudafricano Nelson Mandela, que lideró los movimientos contra el apartheid y sufrió veintisiete años de cárcel, sigue dando ejemplo de lucha en una cama hospitalaria, la congoleña Cecile no debe caer en la debilidad.
Querida ministra, usted que es oftalmóloga, mire con ojos ignorantes la ignominia y el desprecio de quienes la atacan. Haga su trabajo en favor de los demás y hágalo sin complejo, porque estoy seguro que quienes la increpan y critican no alcanzan a tener el cerebro pétreo de la mitológica, Luperca, la loba que amamantó a Rómulo y Remo.

Adiós, Griñán, adiós

Se veía venir, «day prisa, day prisa». Tenía el calendario calculado y necesitaba unas primarias express. Buscó a la ungida, a un amigo y picó el tuitteador que, en realidad, ha sido el más perjudicado, moralmente, en ésta precipitada historia; una peripecia propia de los partidos políticos incontestables. Y nadie se atreverá a decir lo contrario, salvo que tenga setenta años y se llame Felipe González. Ciertamente, Rubalcaba en este proceso, se ha mostrado respetuoso pero no complaciente porque, no hay que olvidar que el actual jefe de la oposición tiene más información de la habitual.

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Nomofobia

El teléfono móvil te puede salvar la vida, pero también puede quitártela. Anda la panda preocupada por la reciente muerte de una mujer china que falleció asida al teléfono por una descarga de su terminal mientras éste se cargaba. No ha sido ni será el último accidente que protagonicen estos aparatos cada día con mayor implantación social, lo que pone de manifiesto la obsesión y la servidumbre que muchos dedicamos al teléfono móvil que nos atrapa de manera enfermiza e inadecuada. De hecho, existen preocupantes estudios sobre la nomofobia con incidencia, especialmente en los más jóvenes, que hacen de un aparato de extraordinaria utilidad un elemento que puede convertirse en inútil y dañino para nuestra salud mental y física.
Amparo Larrañaga, la actriz y empresaria, comentaba a una periodista que pese a las advertencias que recibe el público en su teatro, minutos antes de cada actuación, no hay una sola noche que no suene un móvil durante la representación, lo que produce inevitablemente la inmediata distracción del actor que parlamenta. Amparo se preguntaba: ¿«Es que nadie puede silenciar su móvil durante hora y media»?
Los timbres o alarmas de los ‘telefoninos’ son diversos porque van desde el clásico y antiguo ring, ring a una música de arpa, el trinar de un pájaro, el canto de la cigarra o el cornetín militar con el toque de firmes. Cualquier inoportuno ruido puede sonar desagradablemente en un funeral, en un concierto, en un acto académico o en misa. No es broma, pero en una visita que realicé a San Francisco el Grande, en Madrid, me tuve que aguantar la risa porque coincidió la palabra del presbítero: «El Señor esté con vosotros», con el sonido del cornetín militar de un móvil de algún piadoso parroquiano, provocando la colectiva puesta en pie de los fieles.
Es una grosería, frecuente, ver a gente en diversos acontecimientos que por su carácter obligan a mantener cierto decoro en el comportamiento y atuendo, mandar mensajitos, imágenes, leer noticias o, lo que es peor, jugar al comecocos. Pero es que es un vicio tan generalizado que ya casi nos estamos acostumbrando. La sociedad del consumo nos ha llevado a lo imprescindible de lo prescindible. Nuestros mayores hicieron su vida con enorme esfuerzo y sacrificio y, por lo general, con escasos medios, independientemente de su situación social. Yo no recuerdo que fuese una sociedad esclava del teléfono. El teléfono, fijo, de casa, se utilizaba para llamar a la tita de Barcelona, al médico de cabecera cuando el niño tenía paperas, cuando el abuelo palmaba o cuando se establecían pretensiones amorosas.
Tenemos tal apego al móvil que, los otros días, un amigo me dijo que al no recibir llamadas en toda la mañana, se había llamado a sí mismo para ver si estaba averiado. Estamos perdiendo la cabeza con los celulares.
Y como los fabricantes, apremiados por las compañías, no cesan de incorporar novedades a estos infernales artilugios, ahora los ponen a la venta minimizados de tamaño han incorporado, en otros, una aplicación, un ‘Tweet Pee’, que avisa al papá o a la mamá de que el niño tiene húmedo el pañal y le envía un mensaje: «Pipí». Y si los padres están en lo que deben estar, se procede. De esta manera no habrá, en un futuro, infante con el culo escocido. Pero es que además, próximamente, usted podrá cargar la batería de su móvil con sus propios orines o el movimiento de sus glúteos. Vamos, que vamos de culo móvil. Para mearse.

Gastrobares

Los mercados tradicionales que tanto sabor, olor, calidad y precio ofrecían, históricamente, han sufrido la lesiva existencia de las grandes cadenas de alimentación y sobre todo el éxodo, la despoblación del centro de la ciudades, alimentado mínimamente de terceras edades, entidades bancarias, bufetes de hipotecarias y divorcios y mimos callejeros que sudan la voluntad eurípide del viandante. A veces los estáticos piden con alegría. Ayer me solicitaron, vía de apremio, 30 euros para pagar el hotel, cuestión que hubiese resuelto ‘ipso facto’ si hubiese compartido habitación con la demandante.
Todo evoluciona y si antes vivir en el centro era una comodidad, hoy es una incomodidad, aunque pueda ser un placer. La gente se marcha a la diáspora porque la locura inmobiliaria continúa, pese a la crisis, es decir que hay que disponer de un alto poder adquisitivo para hacerse vecino de ‘Puerta Real’, que es el centro neurálgico de la epidermis del granadinismo.
El centro de las ciudades se queda mustio e incluso repelente, a partir de las nueve de la noche, cuando el comercio cierra sus puertas, salvo la presencia turística de algún puente que llena hoteles y restaurantes.
Hay que reconocer que desde el ayuntamiento capitalino han hecho una propuesta interesante para la rehabilitación del mercado de abastos de San Agustín, a modo y ejemplo de otros que lucen en diferentes ciudades españolas que, como el atractivo mercado de San Miguel de Madrid, aúnan puestecillos de variados géneros, junto a bares y cafeterías; todo ello con un concepto de uniformidad, buen gusto e higiene que hacen apetitoso degustar ricas viandas o adquirir frescos productos huertanos.
Si se sigue esa línea de exigencia el proyecto puede ser exitoso. De lo contrario, la mezcla de churras con merinas, podría vulgarizar el espacio y hacerlo escasamente atractivo al consumidor.
Independientemente de la oportuna idea del municipio, no cabe duda de que Granada se está situando a la cabeza de las ciudades con más bares del mundo. Aquí el que no monta un bar, le monta a su novia una peluquería de señoras. Llegará un momento en que ante tanta oferta se diluya la demanda. Aunque, últimamente, lo que están proliferando como hongos son las fruterías. Hay fruterías para repellar en establecimientos y estratégicas esquinas de peatonales calles. Los otros días, una modesta vendedora apoyada en el quicio de la ‘fragoneta’ me ofreció unos ‘malacatones durces’. En principio le dije que lo suyo era competencia desleal. Cuando me respondió: «¿Cualo?», opté por comprarle unos ‘malacatones’ solidarios.