De la biomímesis a la economía azul.

 

Por diferentes razones, en las últimas semanas he hablado en distintos foros de cómo la naturaleza resuelve determinados problemas con mecanismos, físicos o conductuales, que se han perfeccionado a los largo de millones de años de evolución. No son fruto de fuerzas deliberadas ejecutadas mediante pruebas de ensayo y error, sino de variaciones, mediadas por el azar, sobre lo ya existente que o bien favorecen una mejor adaptación al medio, o permanecen latentes hasta que los cambios del entorno permiten una mayor eficiencia a los animales o las plantas que portan esas novedades.

Resultado de imagen de evolución

Si de algo podemos estar seguros es de que la naturaleza no se equivoca en ninguna de sus expresiones porque no hay intencionalidad ni finalidad en ellas. Suceden para bien o para mal de las especies que la habitan, aunque siempre manteniendo el equilibrio que determina su continuidad. Los errores pueden ser eliminados de forma espontánea o pueden mantenerse, e incluso acumularse, hasta convertirse en una solución más adecuada que la existente hasta un momento dado.

Tampoco se copia a sí misma, sino que permite que adaptaciones en organismos relacionados o no filogenéticamente converjan para resolver problemas similares (las alas para volar en aves y murciélagos, por ejemplo) o diverjan para situaciones o entornos muy diferentes (las aletas pectorales de un delfín y nuestras extremidades superiores).

De todas esas expresiones y soluciones podemos y debemos aprender para innovar frente a muchos problemas cotidianos, sean de índole industrial, arquitectónico, farmacéutico, o químico…, pero otros también pueden aplicarse a la gestión de procesos, al aprovechamiento sustentable de los recursos o al uso eficiente de la información. Y, finalmente, también podemos aprender de conductas que nos ayudarían a potenciar y consolidar relaciones interpersonales.

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A esta emulación consciente inspirada en las soluciones de la naturaleza es lo que se ha denominado “Biomímesis” (J.M. Benyus). Se trata de volver la mirada, de la mano de los científicos, hacia la biología para que el ingenio del desarrollo esté más relacionado con un progreso sostenible que con uno donde la tecnología sea el recurso o la finalidad.

La situación de crisis económica, cada día más global, y los riesgos ecológicos que vienen de la mano del cambio climático recomiendan una urgente adopción de soluciones inspiradas en la eficiencia de la naturaleza. Sea a nivel particular (cómo resuelve una lapa la fijación al sustrato), a nivel de procesos (cómo se organiza una colonia de termitas y cómo consiguen la estanqueidad térmica), o a nivel de sistema (cómo se interrelacionan especies simbióticas o cooperantes).

Pero imitar no es “calcar” sino observar, analizar, entender y extrapolar para aplicar a situaciones y problemas que tendrían una adecuada y pertinente solución, y que ayudarían a revisar a la baja el impacto económico directo en el desarrollo y el indirecto en las consecuencias de abordar complejas soluciones menos eficientes y con una implicación medioambiental más gravosa.

Resultado de imagen de economía bien común

No se nos escapa el hecho de que los modelos económicos dominantes están ya superados y son responsables del colapso actual, tanto de los países emergentes como de los viejos capitalismos y trasnochados comunismos. Las tentativas en la economía del bien común (C. Felber) y de la economía verde (PNUMA) han demostrado tener capacidad para mejorar el bienestar de los ciudadanos apoyándose en la inseparabilidad de sus tres pilares fundamentales: social, económico y medioambiental. Pero aún les queda camino para reconfigurar el sistema, máxime cuando las prioridades de la población están en mantener su empleo o intentar cubrir sus necesidades básicas con unos ingresos insuficientes e inestables.

Las innovaciones que tratan de imitar a la naturaleza (como el velcro basado en la técnica de adhesión de la bardana o los pegamentos libres de formaldehidos similares a los usados por los mejillones) son soluciones puntuales que ayudan a resolver determinadas cuestiones, pero a veces suponen procesos más costosos o tienen consecuencias imprevistas sobre la estabilización de los mercados (como el uso del maíz para biocombustibles o el aceite de palma para jabones biodegradables).

Por ello, la inspiración ha de ir más allá, ha de fijarse en cómo se organizan los ecosistemas para revisar los paradigmas económicos actuales, cuyo equilibrio se fundamenta en el desequilibrio de los flujos de dinero y de recursos. La acumulación del primero y los segundos se consigue a costa de la escasez de muchos, con el riesgo añadido de sobreexplotación o extinción de especies animales y vegetales y sus consecuencias sobre la ecología y las personas.

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“Podemos hallar formas de utilizar la física, la química y la biología de igual manera que lo hacen los ecosistemas con materiales renovables y prácticas sostenibles. Mediante políticas apropiadas para apoyar las investigaciones y el desarrollo, y estrategias de promoción que logren su puesta en práctica mediante mecanismos de mercado, esos materiales y métodos ofrecen abundantes oportunidades para acelerar su adaptación con miras a hacer frente a las apremiantes cuestiones de carácter mundial” (A. Steiner & A. Khosla),

Para ello será necesario efectuar los cambios que sugiere la denominada Economía Azul, para inspirar a los empresarios a cambiar el marco económico mediante modificaciones en los modelos empresariales ascendentes inspirados en los sistemas naturales estables (G. Pauli).

 

José Manuel Navarro Llena

@jmnllena

 

1 Comentario

  1. Saludos.
    SALVEMOS AL MUNDO, ¡PERO DE VERDAD!
    La “economía verde” es un concepto interesante que solo puede brindar frutos siempre y cuando se lleve a los extremos que requiere la gravísima situación ambiental y social planteada a futuro.
    Los grandes males de nuestra “civilización”, a saber, guerras, hambrunas, explotación del hombre por el hombre y destrucción del ecosistema, constituyen una calamidad para las generaciones presentes, y amenazan seriamente la supervivencia de nuestra especie.
    Las soluciones efectivas a esta problemática nunca llegarán como resultado de aplicar simples paliativos dentro de un sistema de cosas esencialmente malo.
    Es por ello que hacemos el presente llamado, exclusivo para aquellas personas ya convencidas de que el mundo va camino a su destrucción y que la única forma de detener la misma es darle un vuelco radical a la forma en que nuestras sociedades tratan a las personas y al medio ambiente.
    La idea consiste en diseñar un prototipo de sociedad ideal realista y factible, representado por una ciudad sostenible y autosuficiente, la cual sería exhibida de manera tangible en forma de maquetas, animaciones, producciones fílmicas y parques temáticos hasta llegar, de ser posible, a la consolidación de una ciudad-estado con todas sus atribuciones jurídicas. Todas estas acciones irían encaminadas a mostrar un modelo de organización humana a seguir, con el fin de que sirva de base para realizar cambios en el orden mundial establecido hasta que se lograra la instauración en todo el planeta de un estado de bienestar generalizado y permanente.
    Las bases conceptuales de esta propuesta, entre otras, son las siguientes: Uso prioritario de materiales y tecnologías de punta amistosos con el medio ambiente; limitación del crecimiento económico y poblacional; supresión de la manipulación proveniente de factores de poder económicos, religiosos y políticos; desaparición de toda forma de reverencia entre seres humanos; eliminación del dinero en efectivo; gratuidad total de la salud y la educación; verdadero respeto a las libertades; y democracia real.
    Si estás interesado en conocer el marco teórico y los detalles de esta iniciativa, y posiblemente participar en ella, quedas invitado a visitar el sitio web
    https://elmundofelizdelfuturo.blogspot.com/
    Atentamente, César Emilio Valdivieso París

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