La cundria

Cerró agosto sus puertas, aunque dejó algunas ventanas abiertas. Por ellas penetran los aires cálidos de los susurros estivales que han venido escuchándose a lo largo de unos meses en los que las serpientes de verano han brillado por su ausencia. Esto no implica que los cambios se hayan producido, por más que desde el PP se los hayan declamado voz en grito al gobierno de Sánchez. Mientras Juanma Moreno era volado sobre las playas andaluzas, persiguiendo a una avioneta que nunca llegó a alcanzar en pancarta infinita, haciéndose ver entre quienes solo miraban hacia arriba para comprobar que las únicas nubes del horizonte eran las que alguna clase política deseaba sembrar, mientras era suspendido bajo el sol, su partido, el Popular, ha venido reclamando que se alcanzasen en unas semanas los objetivos que ellos durante años no habían logrado. Los independentistas, separatistas, traidores, arribistas, rebaña orzas…, y toda la cundria (palabro que acabo de inventar para designar a quienes son marcados por la oposición con espíritu denigrante, por existir y porque les da la gana) se han limitado a dejar al personal tranquilo durante sus vacaciones. Se agradece el respeto. Y Franco ha sido convertido, desde su retiro, en estrella estival. Todo el mundo ha querido opinar, y los que han callado han descansado también mientras cargaban sus armas para el curso que ahora va a comenzar. Y Puigdemont, el republicano, ha seguido reinando allende las fronteras, esas mismas que él quiere construir para unos más que para otros, jueces incluidos.

Y las migraciones han seguido, gentes que han buscado el mismo sol en otras tierras, y que no son muy comprendidas por unos muchos, ni aceptadas por otros. Y ha sido preciso echar mano de las tiendas de campaña que esperaban guerras más lucidas, o catástrofes más señaladas, y que aguardaban en los almacenes militares su uso inmediato. Granada ha sido tomada, así, por su Norte y por su Sur. Y desde el Oeste nos han seguido llegando los excursionistas desde Málaga, muchos de ellos pensando que Granada era una sucursal malagueña, visto que hasta aquí solo podían llegar en bus, pues Vueling los dejaba tirados, el AVE está a medio camino, y se espera recuperar el tren de décadas anteriores. Al mirar hacia tierras boqueronas es normal que piensen eso, con su enorme aeropuerto internacional, sus buques atracados en el puerto y los trenes volando a cada minuto. Y aquí la derecha, con el juez dando la razón a García Montero, exigiendo ya un AVE acabada, un aeropuerto fabuloso y toda la panacea que no han sido capaces de poner en marcha en la era Rajoy. Pero no pasa nada. Se aventura un año político interesante, movido desde todos los espacios, con elecciones hasta para los pueblos, en las que todos ganarán, y Europa, si esto no cambia, sellará un momento de regreso de la extrema derecha al Parlamento europeo. Un curso que en la escuela comienza la semana próxima, pero de ese, que es el bueno de verdad, hablaremos en unos días.

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