¿Wiki-Revolución?

“Expandir la libertad del hombre -en el sentido de lo que los seres humanos son capaces realmente de hacer- es parte del compromiso básico en la búsqueda de la justicia”.

Amartya Sen

 Los recientes acontecimientos sucedidos en Túnez, Egipto, Yemen, Líbia y ahora en Siria, además de ser un síntoma inequívoco de que los tiempos de opresión y autocracia en los países de oriente medio pueden estar afortunadamente alcanzando su ansiado final, son un claro ejemplo de que algo realmente importante está cambiando en la forma, no en el fondo, en que se gestan y se propagan las ideas que son capaces de alterar el rumbo de los acontecimientos, del devenir de un pueblo o de la historia de un país. Por no hablar de toda una época.

 Ahora, con más convicción que nunca, podemos atrevernos a asegurar que estamos protagonizando un cambio de época, no una época de cambios (Francisco Manrique); no porque con la crisis económica se cuestionen muchos de los paradigmas que han presidido, y aún presiden, los sistemas económicos y políticos imperantes que aspiran a ser globales y perpetuarse, sino porque el futuro que se nos demanda ya no debe ser una mera continuación del pasado, no puede ser una evolución pausada de eventos levemente modificados. El futuro, como la innovación, ha de ser disruptivo con el pasado pues muchas de los sucesos que anteriormente supusieron una victoria o un éxito es probable que no vuelvan a replicarse; es más, muchas de las circunstancias que antes resultaron perdedoras, posiblemente en el futuro salgan triunfantes.

 Como bien relata Manuel Castells en su artículo “Comunicación y Revolución” (La Vanguardia), internet y las redes sociales han jugado un papel crucial en el aliento revolucionario de los movimientos populares que han conseguido derrocar a Ben Alí, a Mubarak y a sus respectivos gobiernos opresores, al tiempo que han revelado la realidad más sangrante de lo que ello les ha costado. Es cierto que las nuevas tecnologías nos ofrecen la posibilidad de intercomunicarnos, en apariencia, libremente y en tiempo real y que ello propicia acelerar determinados acontecimientos, pero es incuestionable que lo más importante es el contenido de lo que se informa. En los casos anteriores, el clamor popular ante las inmolaciones y la brutal represión gubernamental han promovido la insurgencia coordinada a pesar de los repetidos intentos de boicotear las redes de información.

 Podríamos decir que, a tenor de estos y otros acontecimientos, hay una voluntad general de cambiar el mundo aunque, como dijera Tolstoi, pocos estén dispuestos a cambiarse a sí mismos –salvo los que se han enfrentado físicamente a las fuerzas represoras con el consiguiente riesgo para sus vidas-. Con ello pretendemos avanzar favorecidos por las opciones de mejora social y económica que se nos pueda brindar, pero corremos el peligro de involucionar dado que los mecanismos que nos impulsan a prosperar también nos pueden abocar a lo contrario. De hecho, cuando compartimos nuestro mundo mental con otros, podemos aprender de sus experiencias y adoptar modelos ajenos que son mejores que los nuestros. De este proceso pueden surgir la verdad y el progreso, pero también el engaño y los delirios masivos (Chris Frith).

 El espíritu que movió e hizo prosperar la Word Wide Web, en palabras de su creador (T. Berners-Lee) fue la posibilidad de compartir información entre dos personas cualesquiera del planeta. Así la red se ha convertido en un poderoso y ubicuo instrumento por asentarse sobre los principios de igualdad, libertad, universalidad y crecimiento cooperativo. Y, por ende, en peligrosa herramienta de comunicación que, desde gobiernos dictatoriales, habrá de ser supervisada y censurada. Igualmente, todos los datos que en ella se vuelcan a través de las distintas redes (profesionales o sociales) son “observados” desde ámbitos empresariales o institucionales para detectar tendencias, segmentar el mercado, prever movimientos ideológicos, advertir o prevenir delitos de diversa naturaleza, etc., a veces vulnerando la legislación sobre protección de datos o moviéndose en una línea difusa para evitar ser incriminados.

 En esta “atmósfera digital”, la comunicación ha pasado de ser asincrónica a sincrónica, la planificación se ha convertido en interacción, las listas se han transformado en variables, la información permanente es un flujo informativo y de lo privado hemos pasado a lo público (A.S. Weigend). Todo será enriquecedor si se mantienen y respetan los principios básicos sobre los que se sustentó la creación de internet; en caso contrario estaremos sujetos a que personas y organizaciones puedan manipularla, con los consiguientes riesgos nocivos, para obtener beneficios que nada tienen que ver con el propósito individual de cada una de las personas que intervienen o aportan información disponible para todo el mundo.

En palabras de Berners-Lee, “vivimos una época fascinante en la que diseñadores, empresas, gobiernos y ciudadanos deben trabajar con un talante abierto y cooperativo para preservar los principios fundamentales de la Red. Deben garantizar que los protocolos técnicos y los convenios sociales respeten los valores humanos. La finalidad de la Red es servir a la humanidad”. Pero para ello se necesitan grandes dosis de generosidad y de respeto desde y hacia el inmenso colectivo de usuarios de la red. De esta forma, compartir el conocimiento será fuente de progreso. Y generar movimientos sociales (como los de Túnez y Egipto) será la respuesta de la conciencia popular, no de otras voluntades políticas o económicas auspiciadas por grupos de poder interesados en cambiar el orden establecido para su beneficio particular.

 

José Manuel Navarro Llena

www-twitter.com/@jmnllena

 

 

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