señales de amor – Atrapando a Daniela

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Sin risas y lágrimas

Lo que se dice complicidad, complicidad, pues no. Ella parece calcular la distancia que hay hasta la puerta

¡Qué boda, Dios mío, qué boda! Mira que me gusta a mí el asunto de los enlaces reales, pero esta… yo que sé, es como si hubiesen rodado “Dos bodas y un funeral” pero todo el mismo día.

El príncipe azul: Menos azul que nunca. Ha llegado de riguroso blanco  al estilo sobrecargo de “Vacaciones en el mar” pero en versión antipática. Debemos asumir que se habrá dado cuenta de que la muchacha que tenía al lado era la novia, pero desde luego, lo que es mirarla ni de reojo.

Charlene: La Cenicienta de turno era todo un poema. O sabe controlar sus emociones y mantener una postura muy regia o la pobre estaba soñando con  protagonizar la versión acuática de “Novia a la fuga” y largarse a Suráfrica al estilo mariposa . Al final ha dado el “sí”, y no ha añadido “qué remedio” porque yo creo que le tiene un miedo de aúpa a Carolina.

Los invitados: Tengo una foto viendo el estado de mi cuenta el pasado día veinticinco en la que tengo la misma, la misma expresión que Carolina entrando a la iglesia. Y el resto de la comitiva pues a tono.

El cortejo: No sé por qué  han tenido que buscar niños de Mónaco si  con los hijos del novio se hubiesen podido apañar estupendamente.

De carroza-calabaza nada de nada, un coche rarísimo. Lo de que fuese híbrido está muy bien, ¿pero tenía que ser tan feo? Un par de caballitos tirando de una carroza es muy ecológico y queda más mono.

Y es que ahora, lo de comer perdices no lo dejan al azar. Estos o comen perdices como mínimo cinco años y con un heredero de por medio o no sé qué clase de males pueden caer sobre Charlene, pero a juzgar por su cara debe ser algo tremendo y horripilante.

Bartolomé

© Marina Zlochin - Fotolia.com

Esta mañana, mientras conversaba amigablemente con Carlota Tabernas antes de entrar a los cursos de doctorado, Patricia Guirao se ha presentado con un novio último modelo colgado del brazo. Era de lo más favorecedor: metro noventa, ojos grandes y castaños, barbilla rotunda, en fin, un ejemplar de los que lucen fenomenalmente en cualquier brazo. Eso me ha hecho pensar en mi propia articulación, de la que lo único que colgaba era mi bolso de los lunes, llamado así porque sólo lo uso esos días de puro tristón que es.

Inmediatamente la envidia ha hecho mella en mi sensible corazón, y cuando Patricia se ha acercado a saludarme, mientras su galán atendía una llamada de móvil, la sonrisa forzada ha cruzado de largo los límites del realismo:

– Hola chicas.
– Caray, Patricia, que novio tan guapo, – ha soltado Carlota dignidad.
– ¿Oh, dónde? – He preguntado haciéndome la inocente. Carlota inmediatamente me ha señalado al muchacho en cuestión y yo he fingido cara de sorpresa.
– No, Bartolomé y yo no somos novios, nos estamos conociendo nada más. – Encima con chulerías. ¿Pero quién se ha creído esta?
– Claro, todavía debes de estar superando lo de Ricardo, que total ¿cuánto hace, una semana que lo dejasteis? – He preguntado inocente.
– No, no no creas, ya hace casi diez días.
– Oh, eso lo cambia todo. – El punto de acidez he tratado de disimularlo.
– Sí, Ricardo es agua pasada. – Qué rápido pasa el agua para algunas, diantres, y Arturo todavía colándose en mi río cada dos por tres. En ese momento el novio en cuestión se ha unido al grupo.
– ¡Hola! – Dentadura perfecta y recién blanqueada – ¿No me presentas a tus amigas? – Y nos ha dado dos besos que me han permitido inspirar su aroma a menta fresca. Tras una breve charla, Patricia y Carlota se han ido aparte a intercambiarse apuntes, así que me he quedado a solas con Bartolomé.
– ¿Sales con alguien? – Me ha preguntado directamente en cuanto las otras dos se han alejado.
– No, ahora mismo no. – Ni pío de que llevo más de seis meses sin tener una cita. Tampoco hay que aburrirlo con los detalles.
– ¿Me das tu teléfono? – Este no se anda con chiquitas.
– Bueno, no sé. No me parece bien, Patricia y yo somos muy amigas. ¿Sabes? – La pura verdad es que apenas pasamos de conocidas, pero qué se yo, el colegio de monjas marca y sé que Sor Victoria no hubiese aprobado otra respuesta.
– Qué tontería, estoy seguro de que a mi prima le dariamos una alegría. — ¡Que pájara! ¡Son Primos!
– ¿Sois primos? – Por fin le voy a sacar algún provecho a los cursos de doctorado.
– Primos hermanos. Me ha pedido que la acompañe porque está destrozada por un tal Ricardo, y para eso está la familia. ¿No?- Y encima buenazo, es mi día de suerte. Le he dado mi teléfono móvil, el fijo de casa y el de mi abuela, mi correo electrónico, mi nombre en Facebook y mi dirección completa. Sólo me ha quedado darle mi tamtám.

Sin embargo, ya han pasado dos horas desde que volví a casa y no he recibido ninguna llamada ni ningún mensaje, y eso que he comprobado más de seis veces que tengo batería y cobertura. Un segundo. Suena el teléfono… Es él… Mi suerte ha cambiado.

Amor sobre seguro

El perro Rescoldo
© Jonathan Cooke - Fotolia.com

Mi madre, qué berrinche tiene mi hermana con su último caso en el consultorio sentimental “Querida Claudia”. Ella y su costumbre de pringar a todo el mundo. Bebes, una chica que trabaja en una oficina de seguros, acudió a ella para que la ayudase a librarse de su compañero del trabajo, un tal Jorge, que la tenía asfixiada con sus continuas insinuaciones. Su primera carta decía lo siguiente:

No deja de enviarme señales y Querida Claudia, no sé cómo librarme de él. Se pasa el día atosigándome con sus atenciones y la verdad es que no puedo más. No quiero partirle el corazón, ya que trabajamos juntos, pero tengo que poner fin a lo de Jorge ¿Me ayudas?

Estimada Bebes:
No faltaba más. Aunque no me gusta presumir de ello, lo cierto es que tengo una fórmula depuradísima para quitarme pelmazos de encima. Descríbeme qué tipo de señales te envía Jorge, y yo te contaré como aplacarlas.
Por otra parte, me dices que trabajas en una agencia de seguros. Me viene de fábula. Este año me han salido unas goteras en el salón que parecen las cataratas del Niágara. Lo hablé con mi agente, una estúpida incompetente y me dijo que el seguro no me pagaba ni de guasa el asunto ¿Qué hago?

Querida Claudia:
Tranquila con lo del seguro. Yo misma te redacto una carta para tu agente que se le va a quedar el pelo de punta cuando la lea. Ya verás si paga o no paga.
¿Las señales de Jorge? Pues como muestra un botón. Esta mañana, cuando se ha ido a tomar el café, al volver me ha preguntado: “¿Me ha llamado alguien?” ¿Qué te parece?

Querida Bebes:
No te entiendo bien. ¿Dónde está lo raro de que te pregunte si lo ha llamado alguien?
Por favor, te agradecería sobremanera lo de la carta. Cuanto más tajante mejor. Se va a enterar la tiesa esa de quien es Claudia Torres.

Querida Claudia:
¿No te das cuenta de que solo es una excusa para hablar conmigo? Por Dios, y qué te parece lo de hoy. No habría tosido más de seis veces, cuando ya me estaba ofreciendo un Pictolín.
Adjunto te envío la carta para la pécora esa de agente que tienes. Ya te digo, no querría estar en su pellejo.

Querida Bebes:
¿Qué tiene que te ofrezca un Pictolín?
Muchas gracias por la carta, está sensacional. Me gusta cuando dices lo de demandarla por vía penal y lo de que su carrera pende de mis goteras. Esa fiera sin corazón se va a caer de espaldas cuando la vea. Mañana la envío.

Querida Claudia:
Ya verás. Antes del fin de semana tienes arregladas las goteras. Me siento particularmente orgullosa de la metáfora entre las lágrimas que va a derramar y los metros cúbicos necesarios para que el seguro cubra el estropicio. Da un toque muy profesional.
Respecto a Jorge, no te quedes con el asunto del Pictolín. En realidad me estaba ofreciendo mucho más que eso. Me ofrecía su corazón. Hoy me ha dejado que eche yo la persiana. Lo hace para que vea que es un hombre de hoy en día. ¿Lo pillas?

Querida Bebes:
Pues no, mucho no lo pillo. Ten cuidado a ver si te está chuleando. Hoy que eche él las persianas.

Muy señora mía:
Acabo de recibir su (MI) carta. Bebes es la abreviatura de Maria Eduvigis, mi nombre de pila. Como ya le participé en nombre de seguros “La esperanza” según informe de nuestro perito el tipo de filtraciones de su casa están excluidas de los términos de su póliza. Jorge está de acuerdo conmigo (otra prueba más por cierto). Esperando sinceramente que este asunto no enturbie nuestra relación profesional he decidido pasarle su expediente a mi compañero Jorge Morales que se pondrá en breve en contacto con usted.

Bebes:
Déjate de farándula y dime qué tipo de filtraciones sí están cubiertas por mi póliza.

Estimada Claudia:
Las que no tienes. Pero me congratula informarte de que si un huracán arrolla tu vivienda, “Seguros La Gran Esperanza” se hará cargo de los gastos de moqueta.

Bebes:
Yo no tengo moqueta.

Estimada Claudia:
Yo en tu lugar la pondría, y también me compraría un perro. Si te deshace el sofá, “Seguros La Gran Esperanza” te paga el 40% de uno nuevo.
Jorge esta mañana me ha preguntado si tengo plan para el viernes por la noche. Así sin más.

Estimada Maria Eduvigis:
Quiero cambiarme de agente en mi seguro.
Después de pasarme por la oficina para firmar mi reclamación al seguro, Jorge me invitó a bailar el viernes por la noche. Creo que necesita que te quedes con su cachorro, un dálmata llamado Rescoldo al que salvó de ser sacrificado. Es que tiene un corazón de oro. Entre samba y rumba seguro que llegamos a un acuerdo con lo de las filtraciones.

Claudia:
Si quieres cambiar de agente tienes que esperar a Marzo del año que viene, hacer una declaración jurada con dos testigos sin consanguinidad entre ellos y mandar copia del DNI, escritura de la casa, cinco recibos del banco, grupo sanguíneo y perfil de Facebook, todo por triplicado y en horario de 8:00 a 8:10.
Como te atrevas a ir a bailar con mi Jorge te saco los ojos. ¡Sólo faltaba! ¿Quieres que tampoco te paguen la moqueta en el caso del huracán? Quédate con Rescoldo el viernes por la noche y dile a Jorge que iré yo a bailar, y a cambio intentaré algo con la factura de los pintores.

Maria Eduvigis:
Solo hasta las diez.

Querida Claudia:
Jorge y yo lo pasamos de fábula. Ya que me apena lo que me cuentas de Rescoldo. ¡Qué barbaridad! Dos cojines enteros y media chaise-longue. Desgraciadamente lamento comunicarte que tu póliza no cubre a cachorros menores de seis meses por lo que nos es imposible abonarte el asunto del sofá, de todos modos, la buena noticia es que es la semana del sofá en Ikea, y el modelo Ektorn es una verdadera preciosidad.
Feuchín, lo de la pintura lo veo feuchín, pero te mando una ampliación de póliza con la que sí que hubiésemos cubierto lo de Rescoldo. Solo son 120 euros más al año. Jorge y yo pensamos que te interesa.
Un beso de Jorge, Bebes y Rescoldo.